Amy Lee, vocalista de Evanescence, elige los discos, artistas y conciertos que han marcado su vida, y revela cuál es el disco más difícil que ha grabado.
Por Chris Lord (Louder / Classic Rock)
Musicalmente hablando, el panorama comercial de principios de los años 2000 no era precisamente un terreno fértil para una pianista con formación clásica y voz de mezzosoprano dentro de una banda de rock sinfónico. Eso fue exactamente lo que convirtió a Amy Lee en una pionera. En medio del garage rock revival y el constante auge del nu metal, Evanescence rompió todos los esquemas y vendió millones de copias con su álbum debut de 2003, Fallen.
Cinco álbumes después —incluyendo su reciente lanzamiento Sanctuary— la banda está más vigente que nunca. En su última gira por Norteamérica presentaron prácticamente de principio a fin su nuevo trabajo discográfico a solo semanas de haber salido a la luz. Toda una declaración de intenciones.
La primera música que recuerdo haber escuchado
Crecí en un hogar muy musical: mi papá era músico, cantaba y tocaba muchos instrumentos. Cuando era bebé, mis padres me cantaban antes de dormir, y era una canción en particular: “Goodnight My Love” [de Jesse Belvin]. No recuerdo mi vida sin ella. Mi papá trabajaba en la radio, y en Miami, donde él creció, esa era siempre la última canción de la noche antes de cortar la transmisión.
La primera canción que interpreté ante un público
Estoy segura de que hice pequeñas audiciones de piano en la escuela, pero lo primero que recuerdo haber presentado ante mis compañeros fue en séptimo básico. Teníamos un proyecto para la clase de Inglés y podías escribir un poema o un cuento corto, pero en las instrucciones también mencionaban que podías escribir una canción. Fue la primera pieza musical que compuse y se llamaba “A Single Tear”. La grabé en una pequeña casetera con una amiga del coro. La reprodujimos para toda la clase en la casetera... así que supongo que eso cuenta, ¿no?
El mejor álbum de todos los tiempos
Puede parecer la respuesta más descabellada, pero en realidad proviene de un especial de comedia durante la pandemia. Es de Bo Burnham, y el disco con la banda sonora se llama Inside (The Songs). Obviamente todos estábamos atrapados en casa, pero él creó una obra de arte increíble. Creo que se inspira en diferentes artistas a los que de cierta forma imita, y es un compositor grandioso. Te hace reír, pero también te rompe el corazón. Lo escucho todo el tiempo.
La voz / cantante
Siempre he admirado a Björk como mi vocalista favorita. Es una fuerza de la naturaleza. Para los cantantes, tu instrumento es tu propio cuerpo, y el sonido es como si tu corazón se desbordara por tu cara [risas]. Creo que se puede escuchar el espíritu de alguien a través de su voz, y la de Björk es fascinante. “Army Of Me” siempre ha sido un tema importantísimo para mí; me encanta todo su disco Post (1995). Y la canción “Jóga” es hermosa. Tengo mi propia parte de armonías que canto cuando voy en el auto.
La pianista
Obviamente soy una gran admiradora de los pianistas y compositores, y Tori Amos me influenció muchísimo. Mi primer amor en la música fue la música clásica, y mi siguiente etapa estuvo marcada totalmente por el rock alternativo de los noventa. Recuerdo haber quedado totalmente alucinada con la forma en que Tori Amos tocaba el piano. Ella lo dice en su canción de 1998, “Northern Lad”: “I guess you go too far when pianos try to be guitars” (“Supongo que vas demasiado lejos cuando los pianos intentan ser guitarras”). La verdad es que no fue así como yo empecé, pero ella suena como una de esas personas que pueden sentarse a tocar e improvisar sin pensarlo, y resulta algo hermoso y complejo.
El mejor disco que he hecho
¡Sanctuary! Siento que nos ha tomado todo este tiempo poder hacer algo como esto. Fallen fue sumamente importante para nosotros y para muchísima gente, pero al mismo tiempo éramos solo unos niños. Atravesar más de veinte años, dar todos estos pasos en diferentes direcciones, buscar y experimentar... La música se siente fresca, pero también es un regreso a nuestras raíces.
El disco más difícil / peor disco que he hecho
Diría que nuestro álbum homónimo de 2011 fue el más desafiante. Mucha de la música inicial era distinta y solo nos estábamos divirtiendo. Era muy synth-pop, pero oscuro y genial. Entramos al estudio y la discográfica no lo entendió. No era una idea completamente terminada y en ese momento me costó admitirlo. Desechamos esas sesiones, nos reagrupamos, y tuve que redescubrir cuánto necesitaba el rock junto a la banda.
Mi canción para salir de fiesta un sábado por la noche
“Back In Black” de AC/DC, siempre. Cualquier playlist de fiesta que hagamos la tiene incluida.
Mi placer culpable (Guilty Pleasure)
La verdad es que no siento culpa por la música que escucho. Pero si tuviera que elegir entre las estrellas del pop actuales, me quedo con Olivia Rodrigo. Tiene varias canciones que me encantan: “Vampire” es increíble y “Drivers License” es genial.
El mejor cover
Ha cambiado a lo largo de los años y tengo mis favoritos de todos los tiempos —como la brillante versión que hizo Tori Amos de “Smells Like Teen Spirit”—, pero uno al que he estado volviendo últimamente es de un artista llamado Trevor Something. ¡Ese es su nombre artístico, no es que se me haya olvidado! Hace una versión synth-wave hermosa de “Wicked Game” [de Chris Isaak].
La canción que me hace llorar
“In My Life” de The Beatles. Tengo muchos recuerdos ligados a esa canción. Me hace recordar a mi hermano.
La canción que quiero que suene en mi funeral
Tengo una lista y la verdad es que no son canciones tristes. Cuando muera, quiero que la gente sienta que el amor vive para siempre, más allá de estar tristes porque ya no estoy. Pero si tuviera que elegir solo una, sería “All You Need Is Love”.

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